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Gongoroko Stereo

La mañana de hoy viernes 26 de diciembre transcurría con aparente normalidad en Barranquilla. El sol comenzaba a imponerse sobre la ciudad cuando un bus de servicio público avanzaba por la Vía al Mar, a la altura del sector de Mallorquín. Entre los pasajeros iba Carlos Miguel Salas, un joven de apenas 23 años, oriundo del municipio de Santo Tomás, Atlántico, que jamás imaginó que ese trayecto sería el último de su vida.

Carlos Miguel abordó el bus como cualquier otro día. Vestía sencillo, llevaba consigo su teléfono celular y el peso silencioso de las preocupaciones cotidianas. Nada hacía presagiar la tragedia. El vehículo avanzaba con pasajeros que conversaban, otros revisaban sus celulares, algunos dormitaban. De pronto, el ambiente cambió.

Según versiones preliminares, Carlos Miguel comenzó a sentirse mal repentinamente. En cuestión de segundos, se desvaneció dentro del bus. Su cuerpo cayó sin fuerza, generando alarma entre los pasajeros, quienes de inmediato comenzaron a gritarle al conductor que detuviera la marcha. El bus se orilló mientras el joven permanecía inconsciente, sin reaccionar.

En medio del caos y la desesperación, alguien intentó auxiliarlo. Otros pasajeros observaban con angustia, sin saber exactamente qué hacer. Nadie le practicó maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), una omisión que hoy genera dolorosas preguntas. Cada segundo corría en contra del joven.

Minutos después, una ambulancia llegó al lugar, tras el llamado de emergencia. Los paramédicos intentaron hacer su trabajo, pero el tiempo ya había pasado factura. Al momento de la valoración médica, Carlos Miguel Salas ya no presentaba signos vitales. La escena se llenó de silencio, incredulidad y lágrimas contenidas.

De manera preliminar, las autoridades indicaron que el fallecimiento estaría relacionado con un posible infarto fulminante, aunque será Medicina Legal la encargada de confirmar oficialmente la causa del deceso. El caso quedó en manos de las autoridades competentes.

Sin embargo, un detalle estremecedor comenzó a circular entre testigos y allegados: supuestamente, minutos antes de desmayarse, Carlos Miguel Salas recibió una llamada telefónica. Al otro lado de la línea le habrían informado que su querido abuelo acababa de fallecer. La impactante noticia, habría sido un golpe devastador. Quienes lo conocían aseguran que era muy cercano a su familia y que no soportó la impresión.

En Santo Tomás se llora a uno de sus hijos, y la familia salas hoy tiene un doble dolor, un joven que salió de casa sin saber que no volvería. Una muerte súbita que deja preguntas abiertas, dolor colectivo y una reflexión urgente sobre la importancia de saber actuar ante una emergencia médica.

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